Con lo que yo era…para las cremas I

Seguro que os estaréis figurando que os voy a contar que cuando no tenia niñas me echaba mil potingues y ahora no tengo tiempo…PUES NO! eso se lo dejo para María, lo mío es justo al contrario.

Lo mío con las cremas siempre ha sido una relación “amor – odio”. Amor porque me encanta estar al día leer las etiquetas (eso es una cosa que me chifla ya sea de alimentos, de cremas es que leo las propiedades y oye, parece que ya me están haciendo efecto jaja). Y odio porque era llegar a casa colocarla en el baño y ninguna pasaba del tercer día.

Cuando en nuestros cafés María me contaba lo disciplinada que era para aplicarse todas sus cremas, cada una especifica de una parte del cuerpo, día tras día sin dejarse ni uno solo, yo le decía, que pereza por Dios!! Ni loca me levanto yo 10 minutos antes para ponerme el contorno de ojos y el body milk!

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La verdad es que siempre le he estado muy agradecida a mi piel; a la del cuerpo no, evidentemente si te das crema 1 vez al mes, pues la tienes seca; sin embargo siempre me he visto con buena cara. Quiero decir que no tenía ojeras (salvo después de alguna noche de juerga) y aunque no me diese ni una sola crema yo me veía bien. Está claro que si te maquillas un poco siempre estas mejor, pero no lo creía necesario.

Eso sí fue cumplir los 30 y darme cuenta que mi piel me pedía una hidratante a gritos. El día que no me la echaba notaba la piel tirante como “con sed”

Luego llego la primera princesita y unas temibles sombras oscuras empezaron a aparecer debajo de mis ojos, y lo peor…venían para quedarse!! :O Así que me dedicaba a leer etiquetas e ir recopilando antiojeras, de Olay, garnier, Kiko, L’Oreal…  y a los 3 días… al cajón desastre.

El caso es que la otra noche después de un día de estos que acabas como para buscar el puente mas cercano y precipitarte al vacío, me metí en el baño a lavarme los dientes y mi mirada se quedó fija en el Serum 7 que me había comprado hace un año… Ese frasco tan blanco, tan lleno..jaja y para mi sopresa justo al lado estaba el antiojeras de Kiko, tan redondito, tan lleno…y por último el frasco de singuladerm cortesía de MADRESFERA. y me lancé como una posesa sobre ellos, cerré los ojos y me fui dando una a una cada crema. Fue un minuto a las 12 de la noche, pero os juro que la sensación fue como si hubiese estado una hora en el SPA! Un minuto para mi sola, sin un solo ruido y sintiendo el bienestar de cremitas en la cara. Eso era la bomba! Así que allí mismo me hice una promesa: Todas las noches sin importar la hora ni lo duro que hubiese sido el día, iba a tener, lo que he bautizado mi “momento zen beuty” jaja.

Ni que decir tiene que la sensación de bienestar se fue al carajo después de una noche en la que me tocó levantarme unas 10 veces para atender a las pequeñas! Pero ese minuto zen vale oro!

Publica Rocío

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2 comentarios en “Con lo que yo era…para las cremas I

  1. ¡Jajaja! Yo soy una adicta a las cremas y sigo un ritual larguísimo tanto de día como de noche. Eso sí, he de reconocer que me preocupo mucho de ser constante porque aún estoy libre pero en unas semanas, en cuanto nazca la bichilla ¡a ver dónde se me queda la regularidad en los tratamientos!

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